Enfermedades

Peritonitis en paciente en diálisis domiciliaria

La peritonitis fúngica en diálisis peritoneal es una complicación infrecuente. Su incidencia es similar en la diálisis peritoneal automatizada y la diálisis peritoneal continua ambulatoria, aunque el menor número de conexiones puede reducir los episodios en la técnica automatizada.

Los hongos penetran en la cavidad peritoneal por vía intraluminal o periluminal, atravesando la mucosa intestinal, y por vía hematógena, a partir de una infección fúngica a distancia.

La etiología bacteriana es responsable de aproximadamente 80 % de los episodios de peritonitis asociada con diálisis peritoneal. La infección fúngica es una complicación infrecuente, por lo general ocurre en pacientes que llevan un período prolongado en programa de diálisis peritoneal y no suele iniciarse como primer episodio.

La excepcionalidad de la peritonitis fúngica ha dificultado el establecimiento de unos criterios de actuación generalizados, ya que los autores describen usualmente en sus series un número limitado de episodios que no permiten extrapolar los resultados.

Aunque la infección fúngica supone alrededor de 4-10 % de las peritonitis en niños y de 1-23 % en adultos, según las series, lo que supone un promedio de 4-6 % de los episodios de peritonitis, presenta peor pronóstico que la de etiología bacteriana, pues la infección fúngica favorece la obstrucción del catéter, la formación de abscesos y el desarrollo de peritonitis esclerosante.

Se ha comunicado una mortalidad de 5-53 % en los pacientes que la presentan y 40,5 % de fallos de la técnica, los cuales obligan a suspender el programa de diálisis peritoneal y transferir a los pacientes a hemodiálisis.

Fusarium es un género de hongos de distribución universal, ubicuos y con gran importancia económica ya que son habituales fitopatógenos. Sin embargo, cada vez se describen más infecciones graves en los pacientes inmunodeprimidos, de ahí que su importancia haya crecido exponencialmente.

Su amplia distribución se atribuye a su capacidad para crecer en gran número de substratos y a su eficaz mecanismo de dispersión; el viento y la lluvia tienen una función importante en su diseminación. Se ha demostrado que el aire puede llevar las esporas hasta 400 km de distancia.

En 1973 se describe la primera infección diseminada en un paciente con leucemia aguda. Desde entonces se han descrito muchos casos, especialmente en pacientes con alteraciones de la respuesta inmune, diabéticos, quemados, con heridas abiertas y contaminadas con tierra, con trastornos inmunológicos o con tratamiento inmunosupresor. Al igual que ocurre con el género aspergillus, es probable que este contacto se produzca por inhalación de las esporas, que se encuentran de forma habitual en el aire.

La investigación se puede leer completa en Rev cubana med vol.59 no.4 Ciudad de la Habana oct.-dic. 202